NO HACER NADA, CON URGENCIA

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Hace unas semanas me encontré con la obligación, adquirida por mi mismo en un momento de debilidad , de escribir un texto sobre ciudad y arquitectura para el blog La ciudad viva. Pero un pensamiento rondaba constantemente en mi cabeza, preferiría no hacerlo. Como no me quedaba otra decidí escribir sobre los dos proyectos que mejor representan esta actitud y que mayor influencia han tenido exactamente por eso, no hacer arquitectura.

Una soprendente coincidencia me ha empujado a hacerlo si cabe con mas ahinco. Ahora mismo me encuentro en Manhatttan, en un hotel situado entre la calle 29 y Park Avenue, y resulta que el maestro del No, el escritor Herman Melville, trabajó 3 calles más abajo. Exactamente entre la calle 26 y Park Avenue. Por lo que he podido investigar parece ser que fue el lugar donde trabajaba de oficinista entre 1866 y 1890, al más puro estilo Bartleby, su propio personaje.

Los proyectos o actitudes que describiré a continuación pretenden ser el comienzo de una lista sobre el laberinto del No, una tendencia muy atractiva de la arquitectura contemporánea: una tendencia en la que se encuentra el único camino que queda abierto a la auténtica creación arquitectónica; una tendencia que se pregunta qué es la arquitectura y donde está y que merodea alrededor de la imposibilidad de la misma y que dice la verdad sobre el estado de pronóstico grave -pero sumamente estimulante- de la arquitectura de este principio de milenio.

Comenzaré con la frase que da titulo al texto, una frase de Jaime Lerner (video), explicada en su libro acupuntura urbana (2005), justamente después de ser nombrado alcalde de Curitiba:

“En mi primera legislatura como alcalde de Curitiba, una de las primeras decisiones que tuve que tomar fue cuando recibí una solicitud de una asociación de vecinos que pedían algo muy extraño: que el Ayuntamiento no hiciera nada en aquella vecindad. Le indiqué al concejal de obras que verificara la situación. Descubrimos que la petición, a pesar de ser insólita, tenía un origen lógico. El ayuntamiento estaba realizando obras en la zona y la preocupación de los vecinos era que las máquinas acabaran cubriendo un pequeño manantial. Mi despacho fue lacónico pero decisivo: No hacer nada, con urgencia”

Plaza Léon Aucoc en Burdeos. Lacaton & Vassal. 1996.

“donde no hay nada todo es posible, donde hay arquitectura ninguna otra cosa puede ocurrir”
Rem Koolhaas. El Croquis Nº 53. 1994.

En 1996, Anne Lacaton y Jean-Philppe Vassal recibieron un encargo inscrito en un plan del ayuntamiento de Burdeos para el embellecimiento de varias plazas. La que les tocó a ellos era una plaza triangular, con árboles en el perímetro, bancos y una zona para jugar a la petanca.
Visitaron el lugar en varias ocasiones e hicieron una encuesta entre los vecinos del barrio. Cuando visitamos el lugar por primera vez, nos dimos cuenta de que la plaza ya era bonita. Nos pareció auténtica y carente de sofisticación superflua.

Se preguntaron que significado podía tener la palabra “embellecer” en ese contexto: cambiar el pavimento, colocar unas luminarias más “modernas” o diseñar un mobiliario más actual. Y su conclusión fue que no tenía razon de ser. La calidad, el encanto de la vida allí existente hacían que la plaza fuera ya bonita.

La realización del proyecto se limitó a trabajos de mantenimiento simples e inmediatos: reponer grava del suelo, planificar la limpieza periódica, podar los tilos y modificar levemente algunas circulaciones. Unas decisiones que ponen de relieve el valor y la capacidad de la abstención en la arquitectura.

AUCOC

La Petatera, plaza de festejos de la villa de Álvarez en Colima, México. 1857.

“.., el hombre no creativo puede atribuirse una fuerza superior a la del creativo, ya que este sólo posee el poder de crear mientras que aquel dispone de este mismo poder pero, además, tiene el poder de renunciar a crear.” Clément Rosset, Le choix des mots.1995.

“En la Villa de Álvarez, Colima, todos los años se construye esta peculiar estructura, hecha con troncos de madera, otates, mecates y petates. Atada y entretejida como una canasta. Es, en principio, una plaza de toros que se edifica en homenaje a San Felipe de Jesús, patrono y protector de la ciudad contra los temblores, pero sus usos no se limitan a las corridas y novillada formales, sino que es un espacio de usos múltiples para la celebración y el festejo; para que el obispo diga ahí la misa en honor del santo; para que ahí lleguen las cabalgatas y los mojigangos que salen de la plaza mayor en esos días; para que ahí se ofrezcan el toro de once, las corridas bufas y los payasos.”

La plaza se divide en tablados, el modulo estructural y constructivo, y cada uno es de propiedad particular. Están formados por horcones, soleras, latas y petates y cuando se desmonta, cada familia tiene que hacerse cargo de guardar y mantener el tablado. Conviertiendo a la comunidad en parte indispensable del proyecto. Los petates, que dan nombre a la obra, son el cerramiento, la piel que envuelve toda la estructura. Se van cambiando de lugar con el transcurso de los años, de las sombras a las faldas y a las puertas, hasta que en su ultima etapa se usan como tapete en la zona de palcos.

Cada año cuando la plaza se desmonta, se marca el centro con una señal. Y para que resista la lluvia y a nadie se le ocurra cambiar la señal de sitio, se marca con aceite y se entierra un tubo de plástico justo debajo. Desde ese punto comienza el replanteo para la excavación de los pozos, donde se hincan los horcones: la base estructural y el principio del proceso constructivo. Los equipos de trabajo y las herramientas que requiere son pocos, en tres semanas el trabajo está concluido. Todo el proceso está dirigido por un maestro encargado de verificar el material, trazar y coordinar los trabajos de los tablados.

Hace 10 años Carlos Mijares, arquitecto mexicano y profesor en la UNAM, recibió un encargo para una ciudad pequeña situada al suroeste de México. Su alcalde había soñado convertir el pueblo en un lugar referente para el turismo cultural, su gran apuesta era convertir la plaza de toros temporal que montaban cada año en una plaza permanente, con un diseño moderno e innovador y por supuesto de hormigón.

Carlos Mijares viajó a la ciudad y visitó el lugar en el momento en el que la plaza de toros temporal que montaban cada año estaba construida. Quedo sorprendido, y maravillado por el proceso participativo de su construcción, por el resultado formal y por su relación con el entorno. Decidió que no iba a realizar un proyecto arquitectónico sino un libro sobre La Petatera. Un libro que permitió convertir la plaza de toros temporal que montaban cada año en La Petatera, convirtiendo así lo que ya existía en lo que el alcalde había soñado.

PETATERA

Conclusiones.

“Esa gente no era ninguna multitud, sino un trío de personas a las que yo tenía la impresión de conocer muy bien. Al aguzar el oído y escuchar atentamente, le oí decir a Rimbaud que estaba cansado de traficar con esclavos y que daría cualquier cosa para poder volver a la poesía. Wittgenstein se sentía ya muy harto de su humilde trabajo como enfermero de hospital. Duchamp se quejaba de no poder pintar y tener que jugar todos los días al ajedrez. Los tres estaban lamentándose amargamente cuando entraba Gombrowicz, que parecía doblarles a los tres en edad y les decía que el único que no debía arrepentirse de nada era Duchamp, que a fin de cuentas había dejado atrás algo monstruoso -la pintura-, algo que era conveniente ya no solo dejar sino olvidar para siempre.
– No entiendo, maestro -decía Rimbaud-. ¿Por qué sólo Duchamp tiene derecho a no arrepentirse?
Creo haberlo ya dicho -respondía con gran suficiencia y soberbia Gombrovicz-.
Porque así como en poesía o en filosofía hay todavía mucho que hacer, aunque ni tú, Rimbaud, ni tú, Wittgenstein, tenéis ya nada que hacer. ¿Por qué no reconocer, ya de una vez por todas, que el pincel es un instrumento ineficaz? Es como si emprendieras con el cosmos desbordante de resplandores con un simple cepillo de dientes. Ningún arte es tan pobre en expresión. Pintar no es más que renunciar a todo lo que no se puede pintar.”

Un cuento de Enrique Vila-Matas, descrito como un sueño de su protagonista en la novela Bartleby y Compañía (2000). En él, nos acerca una de sus multiples conclusiones sobre el arte de la negación.

Imágenes.

. La Petatera de la Villa de Álvarez en Colima –sabiduría decantada-, Carlos Mijares Bracho. 2000. Pags 152, 145, 33, 8
. Google Images.
. Plaza Léon Aucoc. 2G, Lacaton & Vassal. 2006. Pag: 74.

Bibliografía y referencias.

. 2G, Lacaton & Vassal. 2006.
. Bartleby y Compañía, Enrique Vila-Matas. 2000.
. La Petatera de la Villa de Álvarez en Colima –sabiduría decantada-, Carlos Mijares Bracho. 2000.
. Bartleby, el arquitecto. Iñaki Abalos. El País 10/03/2007.
. Bartleby, el escribiente. Herman Melville. 1853.
. Jai Tek –tecnología feliz-. 2007.
. Acupuntura urbana, Jaime Lerner. 2005.
. El Croquis Nº53. 1994.

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